viernes, 24 de diciembre de 2010

Ocurre muchas veces -sobre todo a los que nos decimos jóvenes- el que nuestras ganas de alterar el estado actual de las cosas, de cambiar el mundo, se limitan y estancan en el ímpetu adolescente. Esto, tal vez debido a la ausencia de compromiso y responsabilidad, o quizás sólo por un simple desencanto con los proyectos que alguna vez emprendimos. No le asigno a estos hechos una conclusión del todo negativa, pues en las intenciones e iniciativas que existen errores y fracasos está el germen del aprendizaje. Sin embargo, este aprendizaje y crecimiento debe darse a partir de la autocrítica. Es el primer paso para la maduración de las ideas y para la construcción de nuevos proyectos.

Artefactos Para Volar fue una de las iniciativas que, pese a que ha intentado vanamente la resurrección en un par de ocasiones, me atrevería a decir ahora (más de dos años después de su nacimiento) que fracasó en el intento. Fue uno más de tantos fanzines que se quedaron sólo en el par de publicaciones. Par, en el cual estaban presentes los tres últimos textos colgados en este blog (“Las narraciones personales han arruinado mi vida” #01 y #02 y “Libros” #01), que son de mi autoría.

El fin de este comentario tiene relación con la leyenda que se leía en la contraportada del fanzine; “Ideas sin propiedad privada”. Alguna vez se escribió una especie de “declaración de principios” por los que se cimentaba el camino de cada texto presente en las ediciones de Artefactos Para Volar. La idea es dejarla acá, disponible para el libre uso de quien la lea, comparta y le sirva de aliciente para el inicio de una nueva empresa, pueda hacerlo.

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Artefactos Para Volar.

Presentación.

Artefactos Para Volar es una publicación autónoma, crítica y subversiva. Se desempeña como instrumento de resistencia y confrontación ante cualquier expresión de la doctrina capitalista. A través de la protesta y la propagación de ideas para la construcción de una nueva realidad, capaz de exiliar a los vicios que sostienen el mundo de hoy; desde las estructuras que amparan la explotación del ser humano hasta los mecanismos de dominación subjetiva (y sus consecuencias sociales) que el capitalismo ha diseñado para perpetuar en nuestra cotidianeidad. De esta forma, este conjunto de escritos se fundamenta sobre el binomio inseparable de la idea y la acción. Entendiendo que la lucha debe darse tanto en nuestras cabezas y corazones como con el uso de nuestras manos. Pues el conocimiento es sólo uno de los frentes para la destrucción de la lógica del capital, y por sí solo no conseguirá sus propósitos si permanece impreso sin ser ejecutado.

Objetivos.

- Fomentar el libre desarrollo de la conciencia y la capacidad autónoma de discernimiento y decisión: incentivar a través de los textos el cultivo y fortalecimiento de nuestra capacidad innata de pensar por nosotros mismos, resistiendo a la uniformidad y atrofia del raciocinio humano que los medios masivos de (in)comunicación promueven. Como también impulsar la libertad de discernir de cada individuo, sin tener la necesidad de delegar en terceros las decisiones sobre nuestras propias vidas.

- Colaborar en la fecundación del pensamiento crítico y la acción reivindicadora: desafiar la pasividad y conformidad que nos ha caracterizado como sujetos no pensantes e invertirlas como medios de crítica, denuncia y protesta en función de la subversión de nuestro entorno. Entendiendo que para tal fin el pensamiento debe ser necesariamente acompañado por una acción funcional a lo planteado en la mente.

- Divulgar ideas: actuar como plataforma para la propagación de ideas que desde el ámbito individual, grupal y social apunten a la destrucción del sistema político, económico y social establecido. Proponiendo a la vez, nuevas formas de organización humanas (y con su entorno) y eventuales escenarios futuros.

Medios.

- Contra-información. (editorial, noticias, análisis, ensayos, columnas de opinión, etc.)

- Creación narrativa. (relatos ficticios o reales, poesía, etc.)

- Reseña y crítica de material audiovisual. (películas, documentales, libros, discos, eventos, etc.)

martes, 16 de noviembre de 2010

Libros #01: Elsa Bornemann "Un elefante ocupa mucho espacio".

Se trata de cuentos destinados al público infantil con una finalidad de adoctrinamiento que resulta preparatoria para la tarea de captación ideológica del accionar subversivo”, señala el decreto que en 1977 prohibió íntegramente el libro en Argentina. Este mandato se enmarcó dentro de la política de desaparición y sustitución[1] de las producciones literarias que el gobierno de facto consideraba “peligrosas” y “subversivas”. Un elefante ocupa mucho espacio fue una de las víctimas emblemáticas del genocidio cultural ejercido por el aparato estatal represor a cargo de la tiránica trinidad militar Videla-Massera-Agosti y la cúpula fascista que los rodeaba. No se contentaron con extender la alfombra roja frente al arribo del imperialismo; cercenar todo tipo de libertades individuales y colectivas no fue suficiente para implantar un modelo político-económico edificado sobre la acentuación en la explotación de los trabajadores, la hipertrofia directamente proporcional de las cuentas bancarias de unos pocos y el hambre de la mayoría y, entre otras masacres político-sociales, la aniquilación de la industria campesina en manos de corporaciones multinacionales. 30.000 almas no bastaron para pagar el indulto ante los pecados de la iglesia del capitalismo. También fue necesario criminalizar a los libros.

El terrorismo de estado desplegó un elaborado control sistemático sobre la cultura. Las políticas de censura no actuaban porque sí[2], sino que un grupo selecto de intelectuales y profesionales, previa identificación e investigación de libros “subversivos”, enviaban acusadores informes a la Dirección General de Publicaciones -sujeta al Ministerio del Interior-, en donde la decisión política era tomada: la censura. El gobierno militar se preocupó especialmente en prohibir los textos escolares e infantiles de cuyo análisis surgiera una posición que agraviara a la moral, a la familia, al ser humano y a la sociedad que éste compone[3].

En la cara posterior de Un elefante ocupa mucho espacio se lee “este libro está compuesto por quince cuentos que hablan de la libertad, la amistad, la solidaridad, la justicia…”, conceptos que según la lógica represiva de los militares atentan contra valores por ellos defendidos como la familia, la iglesia y la patria. Si es así, esta colección de relatos infantiles debiese ser condenada por dejar caer, tal bomba atómica sobre Hiroshima, toneladas de emancipación encima de las despreciables instituciones mencionadas. Pues si en Caso Gaspar un vendedor de manteles decide ofrecer su producto caminando sostenido por sus manos por el simple hecho de que sus pies están cansados de tanto andar, reflejará las desazones de la sociedad frente a lo diferente e innovador, será discriminado por infringir una costumbre establecida y dejará en evidencia la ineptitud de las fuerzas de orden. Si se prohíben las historias que narran experiencias de colaboración comunitaria para enfrentar una problemática social, es porque a los que gozan del poder poco les agrada la asociación de los oprimidos, le temen a la fuerza que pueden alcanzar los explotados si se organizan. Es acerca de esto a lo que se refiere Elsa Bornemann en El Pasaje de la Oca y en el cuento que da el título al libro, respectivamente; vecinos organizados frente al inminente desalojo de sus viviendas de un terreno que legalmente no les pertenece y animales de un circo sublevados en contra de los dueños, exigiendo libertad. En El año verde un pueblo ha decidido construir con sus propias manos la felicidad que el rey año tras año había ilusoriamente prometido a los habitantes que en la miseria estaban sumidos. El rey no es más que un fiel retrato de las déspotas autoridades que “representan” a la población en la por muchos venerada democracia representativa y que este relato haya sido censurado durante un gobierno de facto es sólo una muestra de que los poderosos coartan la divulgación de todo tipo de expresión que tienda a deslegitimar su propia gestión. Además de los cuentos mencionados, destacan Pablo y Donde se cuentan las fechorías del Comesol. Narraciones, como dice el decreto que los prohibió en 1977, peligrosamente subversivas.

Es aquí cuando cabe una revisión léxica al término tan injustamente desprestigiado. Subversivo: que subvierte o pretende subvertir. Subvertir: trastornar, revolver, alterar un estado de cosas establecido, especialmente en sentido moral. ¿No suena parecido a querer cambiar el mundo?[4]



[1] La política de “sustitución cultural” consistía en reemplazar los libros censurados por textos afines al proyecto de sociedad que ambicionaba instaurar la dictadura militar, cimentado en el aforismo “estado, religión y familia”.

[2] Exceptuando un par de casos en que los textos fueron prohibidos por una interpretación errónea del título, como el libro de física “La cuba electrolítica”. Cuba, además de ser una palabra que produce escozores en los corazones fascistas de todo el mundo por el carácter socialista del actual régimen de tal país, es el nombre de un recipiente utilizado para operaciones químicas.

[3] Decreto 3155 del Poder Ejecutivo Nacional a cargo de la Junta Militar.

[4] Este último párrafo está descaradamente inspirado en el último párrafo del ensayo “La censura y quema de libros durante la dictadura militar” de Fernando Ruffa, publicado el 22 de Abril de 2008 en ANRED.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Las narraciones personales han arruinado mi vida #02.

A los accidentes que constituyen un porcentaje considerable de los hitos de mi existencia, el pasado jueves se ha sumado un desastre más; los pulmones de mi hermana se llenaron de agua tras haber caído en la piscina de su mejor amiga, la Pez. Quien paradójicamente no estuvo a la altura de su seudónimo para lanzarse con destreza y elegancia al rescate de mi hermana, sino que reaccionó tal trucha recién sacada del río, zarandeando piernas y brazos desde el segundo piso de la casa. La verdad es que no conozco ni me interesa conocer con profundidad los pormenores del caso, ni si hay algo o alguien culpable de que la Javiera haya estado sumergida más de cuatro minutos.

La Javiera, mi hermana, hace unas semanas cumplió catorce años, estudia en un colegio de monjas y es devota de dos de los más grandes males que ha sufrido la humanidad a lo largo de la historia; iglesia y televisión. Oh santísimo señor! forjador de benévolas y celestiales armas de destrucción masiva, bienaventurados sean quienes se arrodillan y autoflagelan frente a la eucaristía de la enajenación, benditos aquellos que siguen como ovejas la senda del pastor alienador, santificados los autoexiliados de la ciencia y la racionalidad. Que les den por el culo a los imbéciles que dejan sus vidas en manos de un puto monitor, crucificados los que obedecen las instrucciones de absurdos sermones provenientes de sotanas de oro inseminadas por imágenes infantiles. A la hoguera por dementes. Esto es lo que pienso; los niños y adolescentes, indiscutiblemente, son los más expuestos a la influencia del hábitat en que viven y a los elementos que lo conforman (así hacen su personalidad). Es por esto que la publicidad, herramienta dominada por las garras de los grandes grupos económicos a nivel mundial, apunta muchas de sus balas a las vulnerables mentes impúberes, a través de la televisión. Ésta, no hace más que fomentar el consumismo. Y no me refiero sólo al consumismo del tipo compre compre mijito, compre no más, endéudese, compre y sea feliz, sino que al consumismo que no es necesariamente físico, a ese de vidas irreales, fantásticas, divertidas y con fútiles problemas completamente alejados del no tener qué comer, del no tener con qué abrigarse, por ejemplo. Vidas de jóvenes superficiales, lindos y, obviamente, nacidos y criados en el ostentador mundo de la clase alta (o en su defecto, aspirantes al estilo de vida de ricos y famosos). Es ante esta artificial oferta de felicidad donde mi hermana actúa de cliente (víctima) y ya que las condiciones socioeconómicas de su entorno no le han entregado siquiera la oportunidad de acercarse a su concepción de lo popular y lo bacán, es que ella ha instrumentalizado a diosito para -a través de todo ese rollo de los sacramentos de la iglesia católica, colonias urbanas, bullshit bullshit bullshit- hacerse de amigas con sus mismos “intereses”, fumar sus primeros cigarros y agregar a más pendejos a su lista de contactos del celular. Mi mamá se puso contentísima al saber que la Javiera había decidido hacer esa bobada de la confirmación. No era para menos. Después de todo, es también mi madre responsable de fomentar, involuntariamente quizás, el egoísmo, la pereza y el materialismo de su hija.

Tal vez esté pecando al escribir así de mi hermana -dios me perdone- dado el estado de su salud. Cualquiera pensaría, según mis palabras, que si de mi decisión dependiera inclinar hacia uno de los dos lados de la balanza ‘vida-muerte’, ésta sería mi carta de despedida para ella. Pero no es así. Lo que ocurre es que la Javi es el mejor ejemplo para retratar estas cuestiones de las que he hablado, las que por cierto me sulfuran. No quiero que se muera. Sí me gustaría que fuese distinta, que dejara de ser tan egoísta, en todos los ámbitos que la palabra egoísmo pueda abarcar. No creo en dios, no esperaré un milagro. Confío en lo que pueda hacer la medicina y en que su organismo responda de la mejor manera. Deseo más que nada en el mundo ser informado de su primer respiro al despertar del coma.

miércoles, 7 de abril de 2010


Hay un lugar en donde voy a ir subiendo (un año después de haberlas tomado) las fotos de la cámara de rollos. Este es: www.flickr.com/photos/elrestodelcamino

sábado, 26 de septiembre de 2009

Las narraciones personales han arruinado mi vida #01.

No tengo muy claro de qué se va a tratar esto. A decir verdad, son muy pocas las cosas que podría responder con seguridad sin haberle dado vueltas en mi cabeza algunos minutos antes. Le hablé al psicólogo que me atiende (no me gusta ese sentido de propiedad que la mayoría de las personas ejerce sobre la mayoría de las cosas) sobre algunos de mis libros favoritos y me sugirió comenzar a escribir más o menos como lo hacen los protagonistas de aquellos libros. Dijo que hay muchas buenas ideas viajando por mi mente y que sería bueno establecer un destino para ellas. Yo no le creí nada y no pude evitar reírme al escuchar tamaña estupidez. Eso y otras cosas que ha dicho han confirmado lo que pienso de los psicólogos, psiquiatras o lo que sean; son unos charlatanes esclavos de una pseudociencia y que por lo general tienen más y peores problemas que sus pacientes. A esto se suma que es amigo de mi mamá y todos los amigos de ella, incluida mi madre, son unos farsantes que vendieron sus ideales de juventud ante la primera oferta de estatus socioeconómico que se les cruzó por la calle. Con la excepción de un abogado que trabaja por la defensa de las tierras que les pertenecen al pueblo mapuche.

Son las 2:45 am (justo como la canción de Elliott Smith) y acabo de llegar a mi casa después de juntarme con el Iván única y especialmente a fumar marihuana. Después de dejar el skate, la marihuana y la proximidad de nuestras casas se han convertido en lo único que nos une. Me preparé un pan con kétchup y sin detener el sonido de los Smiths en mi walkman me senté en el living a oscuras e hice un rutinario zapping en mute por la televisión, no aguanté siquiera medio minuto. Durante los segundos en que Morrissey termina de cantar please please please let me get what I want y la canción siguiente, escuché desde la calle a una mujer gritar métete la billetera por la raja, conchetumare y en cuestión de segundos armé una historia fantástica en mi mente a partir de esa frase. Me hubiese gustado estar acompañado para que quien se ría de las sandeces que se me ocurren no sea yo mismo. Pero ante la soledad reinante de esta madrugada no hay mucho que mi deseo de compañía pueda hacer.

Había decidido encender un cigarro y acostarme cuando encima de mi cama veo la croquera que me regaló la Fernanda después de contarle la recomendación del psicólogo ese, ella misma la decoró y en la primera hoja anotó unas líneas de una de nuestras canciones favoritas. Pensé que escribir mi vida o parte de ella en un cuaderno no era una idea tan absurda, no me importa que el doctor me haya sugerido esto sólo como herramienta para facilitar su ya cómodo trabajo, no me importa que la Fernanda insista en leer cada palabra que escriba, después de todo no tengo nada más que perder que un poco de tinta, siempre fácil de recuperar.

“No leas mi diario en mi ausencia. Bueno, ahora me voy a trabajar. Esta mañana cuando te levantes, por favor, lee mi diario. Registra mis cosas y trata de entenderme”.

Palabras de Kurt Cobain. No vienen al caso, esto no es un diario ni pretende serlo. Supongo que lo bueno de escribir con completa libertad es que no tengo que darle explicaciones a nadie sobre nada.

sábado, 25 de julio de 2009


la vida está bien si no te rindes.

martes, 21 de julio de 2009

Hace dos meses noté que había perdido mi identidad. (“I'm happy just because I found out I am really no one”). Por casualidad al comprar unas maltas le pregunté al hombre de la botillería si había recibido noticias de ella. “Te decidiste a buscarla eh? Son tres envases… ó 600 pesos”. No recordaba haber dejado el documento en ese lugar, menos que lo había empeñado por tres botellas de vidrio.

Durante dos meses vagué sin identidad, sin objetos de valor en mis bolsillos, sin dinero, sin canciones y sin responsabilidades que cumplir. Nada que perder, algunas cosas que apostar y un trayecto por construir, un camino de verdad, de esos con movimientos, metas en la vida y flores en la tumba. Que las ideas sean torres y las frustraciones puentes. Fueron dos meses que sin muchas complicaciones pudieron confundirse con 21 años.

“Traeré los envases”. No pagaré por mi identidad, siempre es más barato recoger botellas y permutarlas en vez de quebrarlas, sólo porque me gusta el sonido del vidrio contra la muralla, pero más me gusta el sonido de la bicicleta sobre las baldosas sueltas.