sábado, 26 de septiembre de 2009

Las narraciones personales han arruinado mi vida #01.

No tengo muy claro de qué se va a tratar esto. A decir verdad, son muy pocas las cosas que podría responder con seguridad sin haberle dado vueltas en mi cabeza algunos minutos antes. Le hablé al psicólogo que me atiende (no me gusta ese sentido de propiedad que la mayoría de las personas ejerce sobre la mayoría de las cosas) sobre algunos de mis libros favoritos y me sugirió comenzar a escribir más o menos como lo hacen los protagonistas de aquellos libros. Dijo que hay muchas buenas ideas viajando por mi mente y que sería bueno establecer un destino para ellas. Yo no le creí nada y no pude evitar reírme al escuchar tamaña estupidez. Eso y otras cosas que ha dicho han confirmado lo que pienso de los psicólogos, psiquiatras o lo que sean; son unos charlatanes esclavos de una pseudociencia y que por lo general tienen más y peores problemas que sus pacientes. A esto se suma que es amigo de mi mamá y todos los amigos de ella, incluida mi madre, son unos farsantes que vendieron sus ideales de juventud ante la primera oferta de estatus socioeconómico que se les cruzó por la calle. Con la excepción de un abogado que trabaja por la defensa de las tierras que les pertenecen al pueblo mapuche.

Son las 2:45 am (justo como la canción de Elliott Smith) y acabo de llegar a mi casa después de juntarme con el Iván única y especialmente a fumar marihuana. Después de dejar el skate, la marihuana y la proximidad de nuestras casas se han convertido en lo único que nos une. Me preparé un pan con kétchup y sin detener el sonido de los Smiths en mi walkman me senté en el living a oscuras e hice un rutinario zapping en mute por la televisión, no aguanté siquiera medio minuto. Durante los segundos en que Morrissey termina de cantar please please please let me get what I want y la canción siguiente, escuché desde la calle a una mujer gritar métete la billetera por la raja, conchetumare y en cuestión de segundos armé una historia fantástica en mi mente a partir de esa frase. Me hubiese gustado estar acompañado para que quien se ría de las sandeces que se me ocurren no sea yo mismo. Pero ante la soledad reinante de esta madrugada no hay mucho que mi deseo de compañía pueda hacer.

Había decidido encender un cigarro y acostarme cuando encima de mi cama veo la croquera que me regaló la Fernanda después de contarle la recomendación del psicólogo ese, ella misma la decoró y en la primera hoja anotó unas líneas de una de nuestras canciones favoritas. Pensé que escribir mi vida o parte de ella en un cuaderno no era una idea tan absurda, no me importa que el doctor me haya sugerido esto sólo como herramienta para facilitar su ya cómodo trabajo, no me importa que la Fernanda insista en leer cada palabra que escriba, después de todo no tengo nada más que perder que un poco de tinta, siempre fácil de recuperar.

“No leas mi diario en mi ausencia. Bueno, ahora me voy a trabajar. Esta mañana cuando te levantes, por favor, lee mi diario. Registra mis cosas y trata de entenderme”.

Palabras de Kurt Cobain. No vienen al caso, esto no es un diario ni pretende serlo. Supongo que lo bueno de escribir con completa libertad es que no tengo que darle explicaciones a nadie sobre nada.

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