martes, 21 de julio de 2009

Hace dos meses noté que había perdido mi identidad. (“I'm happy just because I found out I am really no one”). Por casualidad al comprar unas maltas le pregunté al hombre de la botillería si había recibido noticias de ella. “Te decidiste a buscarla eh? Son tres envases… ó 600 pesos”. No recordaba haber dejado el documento en ese lugar, menos que lo había empeñado por tres botellas de vidrio.

Durante dos meses vagué sin identidad, sin objetos de valor en mis bolsillos, sin dinero, sin canciones y sin responsabilidades que cumplir. Nada que perder, algunas cosas que apostar y un trayecto por construir, un camino de verdad, de esos con movimientos, metas en la vida y flores en la tumba. Que las ideas sean torres y las frustraciones puentes. Fueron dos meses que sin muchas complicaciones pudieron confundirse con 21 años.

“Traeré los envases”. No pagaré por mi identidad, siempre es más barato recoger botellas y permutarlas en vez de quebrarlas, sólo porque me gusta el sonido del vidrio contra la muralla, pero más me gusta el sonido de la bicicleta sobre las baldosas sueltas.

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